19 sept 2008

...


Abro mis ojos y parece que estoy en un hospital, hay uno entre todos lo que me rodean que llama mi atención, esta dándose golpes en la cabeza contra una de las ventanas por donde entra una desesperante luz amarilla, parece proveniente de un poste o una foco inmenso, las enfermeras pasan por el lado de él y no hacen nada para detenerlo, de repente deja de hacerlo, y me voltea a mirar, camina lentamente sosteniendo su mirada en la mía, tiene unos hermosos ojos negros, con grandes pestañas, su boca es perfecta, ni grande ni pequeña, solamente puedo describirla como perfecta. Acerca su cara muy cerca de mis pies y sube lentamente reparando cada parte de mi cuerpo hasta llegar a mi rostro.
Al comienzo me pone nerviosa, pero luego su aroma me tranquiliza, es un olor indescriptible, es suave y penetrante. Se ve que no quiere estar en este lugar, se muestra incomodo y molesto, parece estar mojado por un sudor, que no para y le pone brillo a su hermoso rostro.
Oigo una de las enfermeras, murmurándose con otra, me paro y les digo: ese hombre esta mal, parece estar en shock no sé que le pasa, lo pueden ayudar? Y una de ellas me mira y sonríe diciendo: aquí no ayudamos a judíos, mucho estamos haciendo con tenerlo acá.
Me entristece verlo tan abrumado, y sin ninguna clase de apoyo, no sé por qué, pero no me importa su procedencia, me veo obligada a ayudarlo, lo cojo de la mano y lo halo para que me siga, su mirada me dice tantas cosas…cansancio, tristeza, desorientación, la verdad no sé a d lo llevo pero solo sé que ambos queremos salir de allí.
No veo a mi abuela por ningún lado, la busco con la mirada pero es demasiada gente herida, hay mucho ruido y mucha sangre a mí alrededor, en frente mío hay una inmensa puerta, donde están parados muchos militares, y gente vestida de blanco.
Cuando pasamos la puerta solo se ven ruinas alrededor, seguimos caminando aproximadamente de 30 minutos pero el panorama no cambia, solo hay polvo, edificios caídos, muertos y un temeroso silencio. Veo una casa que me es familiar y todavía se conserva intacta entre tanta desolación, esta pintada de un amarillo cálido y quemado. Empiezo a tocar una y otra vez fuertemente, grito pidiendo refugio pero nadie contesta, miro aquel hombre que más parece una sombra que se deja llevar de un lado a otro, cada vez se ve más cansado.
Empujo fuertemente la puerta y se abre, me encuentro con un comedor algo extraño, hecho de piedra, una muy grande y plana en la mitad, y varias pequeñas alrededor, siento a el hombre en una de ellas y voy en busca de agua, encuentro un pozo gigante tomo un poco en una vasija y la llevo hasta a él.
Hemos estado juntos durante casi una hora y no hemos cruzado palabra, acaricio su rostro y le pregunto: Puedes pronunciar tu nombre?, seguidamente me responde: Amín es mi nombre, y gracias, no sé por qué hace esto, esta arriesgando su vida al juntarse con un judío, pero agradezco su gesto.

No hay comentarios: